Hoy hace tres meses desde que un terremoto de magnitud 9 y el tsunami que sobrevino después puso en jaque a Japón, la (recientemente sobrepasada por China) tercera economía mundial.
Pongo esto de relieve por lo que comentaré después.
Quizá ya lo haya contado antes. Me enteré del terremoto cuando me levanté la mañana del viernes y vi los primeros vídeos del tsunami ya en el trabajo. No fue hasta la tarde cuando me enteré de los problemas de refrigeración en las central nuclear de Fukushima y me quedé enganchado a la información que llegaba a través de Yokosonews, un webcast en ingles que estaba haciendo un japones desde allí, que hablaba de cómo se estaba liberando vapor radiactivo desde el reactor 1 por miedo a que la sobrepresión lo hiciera reventar. Viví la explosión del mismo reactor 1 en directo a traves de NHK news después de la cena y ya en la cama, eran alrededor de las 10 de la noche. Después de eso no pude dormir hasta bien entrada la madrugada por culpa de las supuestas informaciones provenientes del instituto nuclear australiano que poco más o menos nos condenaba a la muerte en una semana si no salíamos de la costa oeste pitando. El sábado pasó en calma tensa. Y el domingo por la tarde ocurrió la explosión del reactor 3, muchísimo más violenta que la del reactor 1 y al día siguiente la menos llamativa y publicitada explosión del 2 y los fuegos en la piscina del reactor 4.